martes, 25 de junio de 2013

Evolución y Mutación en nuestro lenguaje.



Es probable que en nuestra época el lenguaje, esa potencia viva, esa prostituta que se convierte en virgen cada vez que la utilizamos, se haya liberado por fin de las correcciones y los convencionalismos, y obedezca ahora solo al contexto y las circunstancia en que se hace presente.


”Abrir la válvula que limita la conciencia coacciona la expresión, casi como si la palabra fuera una concreción de significado, una sensación a priori sin articular. El lenguaje es una actividad extática de la significación. A través del acto de hablar claramente, entramos en un coqueteo con el dominio de la imaginación. la fluidez, la facilidad, la idoneidad de la expresión de la que somos capaces es tal que uno es sorprendido por las palabras emitidas … Para el inspirado, es como si la existencia en sí se pronunciara a través de él “.

Steven Pinker, profesor de psicología de Harvard, explica que el lenguaje surge a partir de la interacción entre las mentes humanas, no es de extrañarse que en la nueva era de la información encontremos una evolución acelerada del lenguaje debido a la interconexión entre personas de diferentes edades, nacionalidades y culturas en Internet, de hecho el lenguaje y la cultura están en ósmosis constante, se alimentan y se reconfiguran mutuamente.

Lo vemos en la constante aparición de palabras coloquiales y jergas, en el cambio histórico de las lenguas, en la variedad de dialectos y en la formación de nuevos términos e inclusive nuevas lenguas. Entonces, podemos observar que el lenguaje no es tanto un creador o moldeador de la naturaleza humana sino más bien una ventana a la experiencia humana, a nuestros mecanismos cognitivos con los que conceptualizamos el mundo-nuestra realidad y al tipo de relaciones que gobiernan nuestras interacciones.

Resulta cada vez más difícil para los órganos institucionales que regulan el lenguaje poder adaptarse a la velocidad con la que éste se transforma. La forma en que nos expresamos requiere cada vez mayor flexibilidad debido a la inmediatez de comunicación que exigen las herramientas digitales a las que estamos circunscritos.

Existen muchas cuestiones y controversias acerca de la aparente distorsión del lenguaje que giran en torno a la pregunta: ¿Es el lenguaje quien gobierna nuestros pensamientos? ¿Cómo podemos decir lo que pensamos antes de escuchar internamente lo que queremos decir? Stephen Fry, comediante y escritor británico, aborda estos temas en su artículo “Don’t mind your languaje” (Que no te importe el lenguaje) Y es que al observar la evolución de cómo nos expresamos verbalmente hoy en día surgen cuestionamientos ortográficos y gramáticos que pueden ser vistos como imposiciones pedantes que estrangulan el flujo natural de nuestra comunicación.

Karl Kraus dijo “El lenguaje es la prostituta universal que debo convertir en vírgen” lo que nos lleva a preguntarnos si existe una alta forma de lenguaje, una expresión pura y correcta de cómo debemos enunciar o si debemos continuar “prostituyendo” el lenguaje de la manera en que lo hacemos cotidianamente como bien dijo TS Eliot “el purificar del dialecto de la tribu”.

Stephen Fry argumenta que en esta nueva era el uso libre y sofisticado de las palabras parece ser considerado elitista o pretencioso. La gente parece ser capaz de encontrar el placer sensual y sensitivo en casi cualquier cosa menos en las palabras de etiqueta. Las palabras opulentes, parecen pertenecer a otras personas, cualquier persona que se expresa con originalidad, encanto y frescura verbal es más probable que sea escarnecido, desconfiado o que genere una mala impresión. Ahora nos hemos acostumbrado a escuchar como algunos sustantivos se convierten en verbos, siguiendo el ejemplo de Shakespeare que convertía una palabra-acción en un sustantivo-palabra cada vez que podía. En términos de claridad de expresión no se necesitan seguir las reglas gramaticales en el lenguaje contemporáneo.

Un claro ejemplo de la evolución de nuestras expresiones linguísticas lo vemos en el famoso “texting” en mensajes SMS, chats, whatsapps, etc. El lingüista americano John McWhorter ha analizado de qué manera la complejidad emergente de “textear” nos ha llevado a cambiar la forma en que escribimos y hablamos, si es que así lo podemos llamar. Una de las ventajas de la escritura es que, al ser un proceso consciente, podemos mirar hacia atrás, se pueden hacer cosas con el lenguaje que son mucho menos probables que cuando hablamos.

El discurso casual es algo muy diferente. Los lingüistas han demostrado que cuando estamos hablando casualmente de manera natural, tendemos a hablar en paquetes/palabra de entre 7 y 10 palabras. El habla es mucho más holgado y telegráfico. Es mucho menos reflexivo a diferencia de la escritura.

Si podemos hablar como escribimos, entonces lógicamente se deduce que es posible también poder escribir como hablamos. El problema de ésta lógica se encontraba en las herramientas, en el sentido mecánico, era más difícil mantener el ritmo de la transcripción de la palabra en el pasado por la sencilla razón de que las herramientas no se prestaban para ello. En el momento en el que tuvimos en nuestra mano un dispositivo que puede recibir y mandar mensajes casi a la misma velocidad con la que se emite el habla, entonces surgen las condiciones que permiten que podamos escribir como hablamos. Y es ahí donde entra en juego el “texting”. Los mensajes de texto son muy relajados en su estructura. Nadie piensa en el uso correcto de mayúsculas o de signos de puntuación cuando textea, pero de ahí surge la pregunta, ¿Acaso consideramos esos signos de puntuación cuando hablamos? No, por lo tanto no lo hacemos cuando texteamos.

Lo que es el texting, a pesar del hecho que implica la mecánica burda de algo que podríamos llamar escritura, es el habla de los dedos. Ahora podemos escribir de la misma forma en que hablamos, aunque esto represente alguna forma de decadencia. Vemos esta flacidez general de la estructura en la falta de preocupación por las normas a las que estamos acostumbrados a aprender en el pizarrón del salón de clases, y es una sensación muy natural pensar que algo anda mal.

Pero el quid de la cuestión es que lo que está sucediendo es una clase de complejidad emergente, y para entenderlo, lo que queremos ver es la forma en la que este nuevo tipo de lenguaje desarrolla una nueva estructura, a pesar de sus nomenclaturas, abreviaciones, repetición de letras o signos de puntuación para hiperbolizar los puntos de inflexión.

Lo que podemos observar es que estamos desarrollando una nueva forma de escribir y hablar, ya sea porque estamos inmersos en una cultura que necesita expresarse con vehemencia e inmediatez, o por la memética de Internet que replicamos cotidianamente o porque seguimos las tendencias en lingüística que determinan las chicas adolescentes de la generación millenial (http://www.huffingtonpost.com/2012/03/08/teen-slang-young-women-dr_n_1331724.html) con todo y los anglicismos que tales expresiones conllevan, pero de una u otra forma, usamos el texting paralelamente con nuestras habilidades de escritura y habla ordinarias, y eso significa que tenemos la capacidad de hacer las dos cosas. Un aumento de la evidencia es que el ser bilingüe es cognitivamente beneficioso. Eso también es cierto de ser bidialéctico en cuanto a la escritura. Y así, los mensajes de texto en realidad son una prueba de un acto de equilibrio que estamos utilizando hoy en día, no de manera consciente, por supuesto, pero como una ampliación de nuestro repertorio lingüístico.

La forma en que ha evolucionado nuestra expresión verbal no solo se puede observar en nuestras herramientas de comunicación/amplificación, también es intrigante la forma en que vestimos nuestro lenguaje dependiendo el contexto, de la misma forma en que nos ponemos un traje para una reunión importante o un esmoquin para una celebración, también adoptamos diferentes formas de expresarnos al enfrentar diferentes circunstancias, podemos usar lingüísticamente lo que queramos cuando estamos en nuestra casa o platicando con nuestros amigos, pero la mayoría de la gente acepta la necesidad de ponerse su esmoquin verbal en ocasiones que lo ameriten, ya sea en interacciones personales o vía emails de trabajo, invitaciones, artículos, ensayos, discursos, notas para Pijama Surf, etc. Pero eso es una cuestión de aptitud, no tiene nada que ver con lo correcto. Podemos afirmar que en nuestro tiempo ya no existe un lenguaje correcto o un lenguaje incorrecto de la misma forma en que no hay ropa correcta o incorrecta. El contexto, la convención, las circunstancias y el medio son el todo.


Con info de:
-Stephen Fry – Don´t mind your language
-John McWhorter: Txtng is killing language. JK!!!

fuente del texto/ La Flecha

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