sábado, 19 de enero de 2013

El juego de la espiritualidad.



Toda persona alguna vez en su vida ha tenido que enfrentarse con algún tipo de juego, ya sea desde el más sencillo CANICAS o el más complejo AJEDREZ, no importa cuál sea, sabemos que realizar la mejor jugada nos lleva al objetivo del juego que es, GANAR…, si la vida se puede mirar como un juego, miremos esta analogía curiosa que puede resultar bastante instructiva.

SI LA VIDA ES UN JUEGO, ¿CUÁL ES TU MEJOR JUGADA?

Ubiquemos los “jugadores de la vida” en tres categorías de la siguiente manera:

Jugador de suerte alta. MUY POCA OPCIÓN DE GANAR

90% suerte y 10% sabiduría. En este nivel la persona debe de someterse a los azares del destino y tendrá poca opción de cambiar su rumbo sometiéndose a los designios de este mundo.
Poder bajo: amor, compasión, perdón, compartir.
Poder alto: resentimiento, odio, egoísmo, ambición, estrés.
Poca conexión con DIOS.

Jugador de suerte media. BUENAS OPCIONES DE GANAR.

50% suerte y 50% sabiduría. En este nivel ya la persona tiene el poder y la conciencia para polarizarse definitivamente a DIOS dando a lo espiritual su merecido lugar sin desconocer el puesto que ocupa lo material en este mundo.
Poder medio: amor, compasión, perdón, compartir, calma.
Poder medio: conciencia, responsabilidad, entrega, ambición.
Frecuentemente tiene una buena conexión con DIOS.

Jugador de suerte baja. EXCELENTES OPCIONES DE GANAR.

10% suerte y 90% sabiduría. El nivel de juego por excelencia, se sobrepasa todo tipo de obstáculo y una vez superado, enfrentamos otro y otro hasta alcanzar la naturaleza del niño que perdimos, fundiéndonos en DIOS y logrando esa gran meta. «LA ILUMINACIÓN»
Poder bajo: apego a lo esencialmente necesario para el vivir.
Poder alto: amor, compasión, entrega, servicio, aceptación, conciencia, responsabilidad, entrega, ambición, armonía, calma.
Siempre tiene una buena conexión con DIOS.

CONCLUSION:

Siempre nuestra mejor jugada será: NO dejar nuestro destino a la suerte y a los azares de la vida, siempre abrir camino con los impulsos de conciencia que nos indican constantemente el camino por recorrer, usar los poderes, virtudes y el deseo inmenso de llegar a DIOS.

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