03 febrero 2015

Cuando Isaac Newton atrapó al falsificador más famoso de Inglaterra.



Científico, parlamentario y también director de la Casa de la Moneda, Newton fue uno de los grandes hombres de su época y puso un personal empeño en acabar con las falsificaciones de monedas que llevaron al país a una grave crisis.

En la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XVII se produjo una importante desestabilización económica debido al pillaje que existía respecto a la falsificación y cercenamiento que se hacía de las cuantiosas y diferentes monedas de curso legal que por aquel entonces estaban en circulación.

En las últimas décadas se habían acuñado infinidad de monedas, en una época en el que se realizaban de plata y a golpe de martillo, teniendo cada una un tamaño y peso diferente. Esto era aprovechado por los delincuentes para falsificar fácilmente nuevas monedas a las que metían aleaciones de otros metales menos valiosos y, sobre todo, para raspar los cantos (cercenar) y fundir las limaduras para convertirlas en lingotes de plata.

Esos lingotes eran exportados al continente para ser vendidos en París o Ámsterdam, donde se pagaba por la plata un precio superior al valor que ésta tenía en Inglaterra, por lo que la operación de limado de monedas era continua.

Esto llevó que circulasen monedas de ínfimo valor y la mayoría tuvieran un peso y tamaño diferente al que les correspondía. Los comerciantes a la hora de cobrar no se fijaban en el valor que marcaban las piezas, sino en el peso que estas tenían, por lo que el precio a pagar por un producto podía variar al alza.

Fue a partir de 1662 cuando se intentó poner freno a este tipo de picaresca y se contrató al francés Pierre Blondeau, quien había creado una máquina para acuñar monedas de una manera en la que todas tenían el mismo peso, tamaño y valor y, sobre todo, se le añadía un elemento que acabaría con la costumbre de limar los cantos: las estrías.

El gran error en todo esto fue el permitir que ambos tipos de monedas conviviesen y circulasen al unísono. No fue hasta tres décadas más tarde en el que, en 1696, Isaac Newton, el recién nombrado director de la Casa de la Moneda, puso un gran empeño en sacar de la circulación las viejas monedas y dar captura a los malhechores que llevaban infinidad de años falsificándolas.

Posiblemente a alguno de los lectores del Cuaderno de Historias le pueda sorprender que Isaac Newton ocupase un cargo de funcionario, aunque de alta responsabilidad, y más después de ya haber demostrado y publicado gran parte de su obra científica y ser considerado como una de las mentes más brillantes de la época.

Pero la verdad es que el padre de la ley de la gravitación universal era un hombre inquieto y ávido de realizar múltiples tareas, por lo que en esa misma etapa estaba compatibilizando su puesto en la Casa de la Moneda con su trabajo como parlamentario y la dirección de la Royal Society, además de dedicarle tiempo a sus estudios de física, matemáticas e incluso alquimia.

Una de las primeras medidas que tomó Newton como responsable de la ceca fue retirar de la circulación todas las monedas acuñadas manualmente antes de la llegada de la máquina inventada por Pierre Blondeau y la estampación de billetes con motivo de la creación del Banco de Inglaterra.

Era conocedor de la existencia de una red que ponía en circulación unas perfectas falsificaciones de las monedas y los nuevos billetes, por lo que decidió averiguar quién era el ideólogo y no cejó en su empeño hasta dar con él.

El responsable era William Chaloner, considerado por muchos historiadores como el mejor falsificador que ha habido en Inglaterra.

Se calcula que durante la última década del siglo XVII el 10% de las monedas que circulaban por Inglaterra eran falsas, lo que suponía un grave daño para las arcas del Estado. Un gran número de esas falsificaciones eran obra de Chaloner.

Tras una ardua y larga investigación, que llevó al ya entonces Sir Isaac Newton a mezclarse con los personajes más peligroso y ruines de los bajos fondos londinenses y tener una red de espías y confidentes que le ayudaron, pudo atrapar a Chaloner en enero de 1699, enviarlo a prisión y desmontar su lucrativo negocio.

Según cuentan las crónicas, el director de la Casa de la Moneda fue implacable con el falsificador y puso todo su empeño para que éste fuese juzgado, encontrado culpable y enviado a la horca.

William Chaloner fue ahorcado el 22 de marzo de 1699 poniéndose así fin a la vida de uno de los estafadores y falsificadores más brillantes de la Historia, teniendo en cuenta la época y los elementos con los que contaba. Múltiples fueron sus engaños y estafas que fueron desde los primitivos raspados de las monedas hasta perfectas falsificaciones de billetes de cien libras e incluso boletos de lotería.


Fuentes de consulta: mentalfloss / telegraph / executedtoday
fuente del texto/Yahoo

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