07 julio 2015

¿En realidad nacimos, o hemos existido desde siempre?

EN UN MOMENTO DE EXALTACIÓN BUDISTA KEROUAC CREYÓ RECONOCER QUE LA MUERTE NO EXISTE, EL MUNDO ES UN SUEÑO DIVINO, UNIDAD ABSOLUTA Y DESPIERTA: LA ETERNIDAD DORADA.

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La frase “Todo lo que hacemos, en palabra o acto, hace eco en la eternidad” se le atribuye a Pitágoras, el maestro de Samos, quien encontró una misma armonía en las estrellas y en el hombre. Esta misma idea es recogida por Kerouac en sentido inverso, y no es extraño, puesto que si las ideas hacen eco en la eternidad, ciertamente también resuenan entre los hombre, en la simpatía de la cuerda áurea de una lira de memoria.

Cierra los ojos, deja que tus manos y tus terminaciones nerviosas caigan, deja de respirar 3 segundos, escucha el silencio dentro de la ilusión del mundo, y recordarás la lección que olvidaste, que se enseñó en la inmensa suavidad de nube de la Vía Láctea innumerables mundos atrás y ni siquiera de hecho. Todo es una sola vasta cosa despierta. La llamo la eternidad dorada. Es perfecta.

Tal vez nunca morimos, solo olvidamos. Caímos del centro de la Vía Láctea (y seguimos ahí de alguna manera). Todo es una sola cosa, un solo ser distribuido por el espacio y tiempo. En las estrellas recordamos, en los planetas olvidamos. Un solo ser que, fijado en un cuerpo, olvida que el espíritu es un océano dorado de conciencia en el que todo nada.

El siguiente video busca inspirar poniendo imágenes a estas palabras de Kerouac:

En nuestra verdadera y dichosa esencia de mente sabemos que todo está bien para siempre y para siempre y para siempre… escucha el silencio dentro de la ilusión del mundo, y recordarás la lección que olvidaste. Todo es una sola vasta cosa despierta. Nunca realmente nacimos, nunca realmente moriremos. No tiene que ver con una idea imaginaria de un ser personal, otros seres, muchos seres en todos lados: ser es solo una idea, una idea mortal. Aquello que pasa hacia todas las cosas es una sola cosa. Es un sueño que ya acabó.




Brahma exhala el universo. La noche que es el mundo termina y la divinidad abre los ojos en toda la luz del universo. La eternidad dorada, el Om absoluto, la vibración reúne todos los latidos de la historia.

Kerouac por un momento logró la misma conciencia que todos los místicos, entendió que la muerte no existe, el mundo es una ilusión, “todo es una sola cosa despierta”.

En un memorable pasaje, Bill Hicks, quien murió tempranamente como Kerouac, viviendo rápido como supernova, dice: “Hoy, un joven que tomó ácido se dio cuenta de que toda materia es meramente energía condensada a una vibración más lenta. Que todos somos una conciencia experimentándose a sí misma. Que la muerte no existe, la vida es solo un sueño y somos la imaginación de nosotros mismos”.

Hat tip: Globalish
vía/Pijamasurf

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