27 junio 2016

Científicos descubren que cientos de genes se activan hasta 2 días después de la muerte.

QUIZÁS TENGAMOS QUE CAMBIAR NUESTRA DEFINICIÓN DE LO QUE ES ESTAR MUERTO, A LA LUZ DE ESTA NUEVA INFORMACIÓN.

Nuestra definición científica de lo que es la muerte podría cambiar próximamente y por lo menos extender el momento en el que una persona se declara oficialmente "muerta". Los investigadores Peter Noble y Alex Pozhitkov, de la Universidad de Washington, han encontrado evidencia de que cientos de genes de ratones y peces zebra se activan hasta 48 horas después de lo que se considera la muerte del organismo. Existen atisbos de que esto también ocurre en seres humanos, lo cual podría tener implicaciones para el transplante de órganos e incluso la resucitación.

Los científicos determinaron esto midiendo la cantidad de ARN mensajero en estos animales a intervalos de 4 días tras su muerte. Observaron picos de actividad asociada con más de 500 genes, lo cual significa que existe suficiente energía y función celular para que se activen ciertos genes luego de la muerte. Curiosamente algunos de los genes activados (los cuales generalmente se apagan al nacer) tienen que ver con el desarrollo del feto, y también genes previamente asociados con el cáncer.

La investigación cuestiona nuestra definición de la muerte, la cual comúnmente se define como la cesación del latido del corazón, la actividad cerebral o la respiración. Como señala uno de los autores del estudio, si los genes están activos 48 horas después esto merece que nos preguntemos si una persona sigue técnicamente viva. "Claramente estudiar la muerte proveerá nueva información sobre la biología de la vida", dice Noble.

Por el momento, se cree que los genes se mantienen activos como parte de un proceso fisiológico que ayuda a sanar o resucitar después de lesiones severas. Tras la muerte puede existir suficiente energía celular como para echar a andar un proceso ligado a proteger del daño de una inflamación, como si el cuerpo siguiera vivo. Por otro lado, la interrupción acelerada de algunos genes que suprimen a otros normalmente puede permitir que genes usualmente inactivos se enciendan, como aquellos del desarrollo embrionario.




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