
Para
el estudioso Richard Mooney, es mera casualidad la existencia de
pirámides en la misma región en que vivió y floreció la civilización
egipcia. Además, esos maravillosos
monumentos de piedra habrían sido orientados por un conocimiento que no
conseguimos aquilatar, sirviendo para fines igualmente desconocidos.
En el Antiguo Egipto, los escribas tenían la función de registrar el
día del faraón y de la corte, las batallas ganadas y perdidas, así como
los impuestos pagos por los pueblos que vivían bajo el dominio egipcio.
Lo que usted va a leer ahora fue encontrado en los “Anales” del faraón
Thutmés 3º (Nuevo Imperio, 18a dinastía 1580-1320), y fue extraído de un
papiro que está archivado en la sección egipcia del museo del Vaticano.
En 1953, el príncipe Boris de Rachewitz consiguió traducir algunos de
sus trechos, mas luego las autoridades del Vaticano recuperaron el
papiro, llegando a insinuar que él no existía.
La parte que fue traducida dice lo siguiente:
“(...) En el 22º año, en el tercer mes de invierno, en la sexta hora
del día (...) los escribas de la Casa de la Vida descubrían que era una
bola de fuego que venía del cielo. (Si bien que) ella no poseía cabeza,
el soplo de su boca tenía un olor hediondo. Su cuerpo, una vara de largo
y una vara de ancho. No hablaba. Sus corazones estremecían y lanzaronse
a la tierra de bruces (...). Ellos fueron a estar con el rey (....)
para relatarles. Su Majestad ordenó (...) fue examinado (...) todo
cuanto fue escrito en la Casa de la Vida, su Majestad meditó acerca de
lo que llegará. Ahora bien, algunos días pasaron esas cosas, he aquí que
ellas fueron más numerosas que nunca. Ellas brillaban en el cielo más
que el Sol, hasta los límites de cuatro pilares del firmamento.
”(...) Poderosa era la posición de las bolas de fuego. La armada del
rey las observaba y el rey se encontraba en medio de ellas. Era como la
reparación de la noche. Sobre esta, las bolas de fuego se elevaron más
alto en dirección al Sur. Peces y aves cayeron del cielo. Era una
maravilla jamás vista desde la fundación de este país.”
¿Qué
bolas de fuego eran esas? ¿Qué sería el “olor hediondo” y de qué boca
habrá salido? ¿Y en medio de qué estaba Thutmés 3º, del ejército o de
los círculos de fuego?
La gran verdad es que nosotros, los
avanzadísimos hombres del tercer milenio, sabemos muy poco sobre los
faraones y el Antiguo Egipto. La Gran Pirámide de Keops, principalmente,
continúa hasta hoy siendo un enigma profundo y fundamental en la
historia del hombre. Sabemos que ella concentra una cantidad enorme de
energía y conocemos algunos de los números que pueden ser extraídos de
sus dimensiones geométricas. El resto es misterio. Algunos dicen que
ella sería un acumulador de energía cósmica, otros que sería un abrigo
contra el Diluvio. El estudioso de profecías Plínio Rollim de Moura
habla de la posibilidad de que ella puede haber sido la prisión de un
ser muy poderoso (ver el artículo “Reinterpretando la Biblia”).
Los egiptólogos estiman que su construcción habría sido realizada en el
2900 a.C., mas el historiador árabe al-Masudi afirma que la Gran
Pirámide habría sido construida hasta “300 años antes del Diluvio”.
Otro historiador de origen árabe afirma que ella fue construida en el
71000 a.C. La fuente normalmente consultada para la historia de la Gran
Pirámide es un relato del historiador griego Heródoto, datado del siglo V
a.C. Pero los especialistas consideran que este relato es muy cercano a
la realidad.
“No hay razón para suponer que las pirámides
fueron construidas para simplemente abrigar muertos, o tuviesen conexión
con cualquier forma de religión (afirma el investigador Richard Mooney,
autor del libro Colony: Earth). Es mera coincidencia el hecho que las
pirámides y las ruinas de la antigua civilización egipcia ocuparan la
misma área. Las pirámides no tienen una relación definida con la antigua
civilización egipcia. Ellas no son, de hecho, típicamente egipcias.
Ellas fueron construidas en un período particular de tiempo, con un
propósito específico.”
En sus dimensiones, maravillosos descubrimientos
Según Heródoto, la construcción de la Gran Pirámide habría tenido a 100
mil hombres trabajando durante 20 años. Y Richard Mooney calculó que,
si diez de aquellas piedras hubiesen sido transportadas, lijadas,
pulidas y perfectamente encajadas en cada día, esa tarea habría llevado
654 años.
Ninguna momia fue hallada en su interior, ningún
tesoro, ningún papiro, ninguna comida, como generalmente sucedía en los
sepulcros egipcios. Tal vez todo haya sido saqueado. Tal vez la Gran
Pirámide sea apenas un sepulcro real, tal vez no.
Lo que nos
resta son las maravillas matemáticas, geométricas y astronómicas de
aquella aglomeración de piedras. Por ejemplo: su altura multiplicada por
1 billón, es igual a la distancia entre la Tierra y el Sol. El área de
su base, dividida por 2, y el perímetro de su base, dividido por el
duplo de su altura, resultan el numero Pi (3,14159...). Las sombras por
ella producidas marcan las fechas de los equinoccios de la primavera y
del otoño, y los solsticios de invierno y verano. A través de una de sus
galerías, la pirámide recogía la luz de la estrella polar de aquella
época, la Alfa del Dragón, cuando la estrella Sirius iluminaba
perpendicularmente su fase meridional, anunciando el comienzo de las
inundaciones periódicas. El largo de la cámara real indica la duración
exacta del año en días, y los lados de la base indican la duración de un
año bisiesto.
¿Quién diseñó todo eso a los constructores de la
Gran Pirámide? ¿Quién transportó aquella montaña de piedras hasta el
lugar, y quién apiló las piedras con precisión milimétrica? ¿Serían
esclavos o gigantes al servicio de padres extraterrestres?
La
mitología egipcia era casi toda volcada para los cielos, comenzando por
el Sol, el dios Ra. ¿Sería realmente al Sol que rendían tributos o a
algún visitante a bordo de una nave semejante al astro-rey, en “un
círculo de fuego”, igual al que apareció para los escribas de Thutmés
3º?
Casi todas las momias del faraón encontradas intactas
tenían en su cabecera un ejemplar del “Libro de los Muertos”, uno de los
libros más antiguos ya escritos por la humanidad. El registro de
antiquísimas fórmulas de oraciones que permitían a los faraones, después
de muertos, penetrar en la inmortalidad a través del barco volador de
Amon-Ra, el dios Sol. Mas la duda aquí es la misma de tantos otros
casos: ¿serán las mismas oraciones o memorias de un remoto pasado,
cuando los “dioses” visitaban la Tierra regularmente?
“¡Déjame
subir a bordo de tu embarcación, oh Ra!”, pide el canciller jefe Nu, en
el “Libro de los Muertos”. Y él se refiere también a los “marineros
divinos del cielo”. En otro párrafo del libro, se menciona a la diosa
Isis, esposa de Osiris. Cuando el marido de Isis muere, surge una barca
celeste (“un disco de oro”), eso cuando el Sol ya se había puesto.
Osiris, el ocupante de la barca, es descripto como teniendo “el cuerpo
claro y rutilante metal (...) el brillo de la turquesa lo rodea”. Y Nu,
el canciller-jefe, así habla a Osiris: “Honra a tí, oh tú que vuelas en
el cielo y brillas sobre el filo de la corona blanca (...). Yo,
inclusive yo, soy el que conoce las rutas del firmamento... visité las
remotas, las iluminadas comarcas celestiales... navegó por el firmamento
que separa el cielo de la Tierra”.
No hay respuestas simples
para los misterios egipcios. Mas algunas hipótesis pueden ser
intentadas. La obsesión de los faraones con la vida después de la muerte
y la capacidad de las pirámides en preservar de la deterioración todo
aquello que se coloca en su interior, hace pensar en la hipótesis de que
en ellas está contenido el secreto del “congelamiento”. O sea, la
posibilidad de que el cuerpo de los faraones fuese preservado para una
posible resurrección futura.
El guardián de la sabiduría olvidada
Resumiremos en pocos pero precisos puntos, uno de los mayores enigmas
de Egipto, la Gran Esfinge de Giza. La “historia oficial” afirma que la
misma fue construida en la época de Kefrén, en torno al año 2500 a.C.;
pero, como veremos a continuación, tal afirmación no tiene base alguna:
• Primeramente, el rostro de la Gran Esfinge, atribuido a Kefrén (sólo
por el hecho que se halla cerca de esta Pirámide), no tiene parecido con
el que aparece en las estatuas de este Faraón. Según un analisis hecho
por un antiguo oficial forense de la policía de Nueva York en 1991,
tanto del frente, como del perfil de ambas figuras, los rostros
pertenecen a distintos personajes.
• La Gran Esfinge, situada
sobre el eje este-oeste de la meseta de Giza y mirando hacia el este,
está orientada hacia la constelación de Leo de los cielos del año 10500
a.C. Curiosamente en esa misma fecha las 3 Pirámides de Giza estaban
alineadas perfectamente con la constelación de Orión, la cual, por
cierto, reproducen fielmente en su alineación.
• En 1924 el
psíquico norteamericano Edgar Cayce comenzó a hacer una serie de
predicciones que hablaban del continente perdido de la Atlántida. Según
éste, antes del año 2000 se descubriría una cámara secreta bajo la garra
derecha de la Esfinge de Giza. En ese recinto, denominado por Cayce
como “Sala de los Archivos”, se encontraría depositado todo el saber de
los atlantes.
En 1982, el arqueólogo Mark Lehner, con la
financiación de la Fundación Cayce, comenzó las indagaciones
sismográficas. “Pusieron la sonda debajo de la garra derecha y siempre
se recibía una señal clara, lo que indica que no existía una cavidad
subterránea que la bloqueara. La pasaron a todo lo largo de la pata, por
la parte exterior y el ángulo, y la señal seguía siendo nítida.
Después, a instancias mías, la pusieron en el suelo de roca y en tres
sitios no se recogió señal alguna, como si hubiera un vacío debajo que
la bloqueara”.
• La inesperada cavidad detectada por el
sismógrafo estaba situada precisamente donde Cayce dijo que estaría.
Estas prospecciones fueron corroboradas por J. A. West y Robert Schoch,
que, con un instrumental de alta tecnología, volvieron a captar bajo la
Esfinge la presencia de anomalías indicativas de cavidades entre las
garras del lecho rocoso y a lo largo de los costados del monumento. El
patrón rectangular hallado en las mismas era impropio de las cavidades
naturales...
• Se investigaron a fondo las marcas de erosión
pluvial (por LLUVIA) presentadas en la Esfinge –marcas que,
inexplicablemente, no se encuentran en la cabeza del monumento. Según
los más recientes estudios geológicos realizados con tecnología
espacial, unas precipitaciones tan torrenciales como para haber dejado
esas señales no se produjeron en el Valle del Nilo en el 2500 a.C.,
época en que los egiptólogos mantienen que fue construida la Esfinge,
sino miles de años antes.
¿Nos ayudarían en algo los “Textos de la
Construcción” que se encuentran en el templo de Edfu, que hablan sobre
Siete Sabios provenientes de una isla destruida por la acción de las
aguas, de quienes especifican que iniciaron los trabajos de construcción
en el Gran Montículo Primitivo y fueron los únicos seres dotados de
conocimientos que sobrevivieron a un cataclismo que asoló la Tierra?
fuente/ Veritas-Voss